Estados de Sitio
Traducción por Rami Cami. A Spanish translation of "States of Siege," published in Radar issue 01.
Yo prefiero la paz, pero si llegan problemas déjalos llegar a mi tiempo,
para que mis hijos puedan vivir en paz
- Thomas paine
El presente, debido a sus asombrosas complejidades,
es casi tan reflexivo como el pasado.
Debemos probar nuestras predicciones del futuro con acciones
- George Jackson
El departamento de policía de Atlanta, la policía estatal de Georgia, la ATF, el SWAT y el FBI condujeron un operativo en el que allanaron tres casas simultáneamente poco antes del amanecer del ocho de febrero de 2024. Una persona fue arrestada por incendio premeditado. La otra fue detenida ocho horas antes de ser liberada.
A la mañana siguiente, unos encapuchados quemaron una patrulla que estaba estacionada cerca de dos de las casas que fueron allanadas el día anterior. Esto impactó a todo el mundo, tanto a las autoridades como a los activistas de Atlanta. A pesar de las consecuencias inmediatas, la hora y el lugar del sabotaje causaron un profundo asombro.
El buró de investigaciones de Atlanta, la ATF y la policía se dispersaron por la zona. Rastrearon sospechosos en todo el vecindario, tocaron puertas, detuvieron a cualquier coche que pasara, buscaron entre los arbustos y basureros, y a las seis de la tarde allanaron otra casa. No había nadie, pero aun así la destruyeron. Esta última redada se llevó a cabo con pretextos muy cuestionables. Fue poco más que un ejercicio de articulación entre las diferentes fuerzas de la ley que ahora incluían a los federales.
Es difícil exagerar el cansancio del gobierno tras casi tres años de obstáculos. El alcalde ha dicho muchas mentiras al respecto del progreso de la construcción de la academia de policía (Cop City). A pesar de que no hay utilidades, una fundación ni estructuras verticales de ningún tipo, recientemente presumió que ya habían avanzado un 70%.
Lo que viene a continuación requiere cuidadosa consideración porque el balance de fuerzas no es lo que parece a primera vista, tampoco es conveniente luchar sin límites. Ambos bandos se están preparando para confrontaciones serias en los siguientes meses.
Condenamos las redadas y a las instituciones responsables. De cualquier modo, más que confirmar la inocencia de quienes estuvieron involucrados, nos gustaría dar un contexto político para enmarcar estos eventos, hacer énfasis en los desafíos de la represión frente a un horizonte revolucionario.
¿Por qué pasó esto ahora?
Muchas máquinas fueron quemadas el 26 de enero de 2024 en el sureste de Atlanta. Pertenecían a la Brent Scarbrough, una empresa contratada por Cop City. Esta es la primera vez que un centro de trabajo es objeto de vandalismo, a pesar de que la misma empresa ha sufrido varios actos de sabotaje, como el del cinco de marzo de 2023. El cinco de febrero de 2024, el ayuntamiento de Atlanta cayó en desgracia pública al cambiar la ley con medidas represivas que hacen cada vez más difícil detener la construcción.
Al día siguiente, el gobierno de Atlanta pasó un proyecto de ley que expandió el número de cargos que podían pagarse con fianza y criminalizó fondos sin fines de lucro para pagar fianzas, como el Atlanta Solidarity Fund (Fondo en Solidaridad con Atlanta). A finales de ese mes, activistas de todo el país se reunieron en Arizona para una cumbre en contra de Nationwide, el seguro de la Policía de Atlanta.
Se llevaron a cabo acciones valientes e inéditas en contra de Cop City en los meses posteriores a que se presentaran cargos por delincuencia organizada a docenas de activistas de Atlanta. El castigo colectivo y la persecución no ha logrado detener al movimiento.
Los agentes locales, estatales y nacionales se ponen frente a las cámaras cada mes para quejarse de una nueva ronda de ataques de sabotaje clandestino contra la maquinaria de construcción. El jefe de policía Dain Schierbaum teje cuidadosamente dos tipos de discurso. Por un lado, proyecta una narrativa victoriosa al estilo peliculesco del policía justiciero que siempre captura al criminal frente a una amenaza invisible que opera, según sus propias palabras, a “tiempo prestado”. Por otro lado, Schierbaum implica que una conspiración de antagonistas a nivel nacional está agotando sus recursos y que para poder detener el caos necesita asistencia civil y más recursos federales. Sin pistas y con pocos arrestos, uno se puede imaginar que se ha vuelto intolerable la presión detrás de cámaras.
Esta es la razón por la que cien agentes hicieron un operativo para allanar varias casas al mismo tiempo el ocho y nueve de febrero de 2024. Esta redada no fue un operativo legal. Fue un truco mediático. Los policías no fueron enviados para recolectar evidencia. Sólo lo hicieron para justificar la conferencia de prensa. Y fue precisamente esta conferencia de prensa, su proyección de fuerza y competencia, la única acción de la policía, porque, para continuar con su implacable represión, crearon un mito al respecto del movimiento y la supuesta vulnerabilidad de Cop City.
Una batalla por el corazón de Estados Unidos
El movimiento para detener la construcción de Cop City ha puesto en práctica todas las formas de protesta pacífica que se puedan concebir para defender el bosque de Atlanta y acabar con la tiranía racista de la policía. Ha habido marchas, asambleas, se ha involucrado a las infancias y a los jubilados. 116 000 personas votaron para decidir si debía construirse Cop City. Lo que, por cierto, es más del doble de votos de los que obtuvo el alcalde de Atlanta en 2021. La oficina administrativa publicó los nombres de los votantes junto con sus direcciones. El ayuntamiento no sólo rechazó la petición, sino que han sido parte de un retroceso general en el balance democrático del poder en nuestra sociedad. Las movilizaciones en el ayuntamiento en el otoño del 2021 y luego en mayo y junio de 2023 exceden cualquier participación previa de cualquier asunto público en la historia de Atlanta. Sin embargo, fueron duramente rechazadas por el gobierno las súplicas directas de habitantes de Atlanta para retirar fondos y revertir la decisión de construir Cop City.
Cop City es la evidencia de que las instituciones democráticas pueden convertirse, sin obstáculos, en dictaduras cada vez que un proceso democrático amenace los intereses políticos y económicos de quienes están en el poder. Cuando esto sucede, sólo la intervención directa de la gente común puede asegurar las exigencias populares.
Las teorías de la acción popular motivan a la gente a imponer exigencias a las élites gobernantes, a veces hasta de forma militante. Muy poca gente entiende la necesidad de tomar el poder del gobierno y tomar decisiones por sí mismos. Desmantelar a las autoridades locales podría ser más sencillo y posible que detener la construcción de Cop City dentro de la norma y el orden construido por el ayuntamiento, la oficina del alcalde, el senado, la oficina de Brian Kemp, el gobierno de Georia, y sus patrones corporativos en el Comité para el Desarrollo de Atlanta. Las acciones de la fiscalía, el procurador general y todas las tropas de choque represivo que controlan no son sencillas. Son decisiones políticas respaldadas por un aparato militar y deben ser respondidas con decisiones políticas respaldadas por la acción popular y acciones serias.
Nuevas acusaciones
A pesar de que la sociedad moderna no se guía únicamente por monumentos y símbolos, todas las confrontaciones históricas se orientan en torno a encarnaciones específicas y concretas del Estado dominante. Durante la Revolución Francesa, en 1789, se trató de la Bastilla, una cárcel para prisioneros políticos. En los primeros días, los manifestantes invadieron y derrumbaron la Bastilla un ladrillo tras otro, una pared tras otra y, con su caída, provocaron una reacción en cadena irreversible que culminó en la muerte del rey Luis XV y el colapso total de la monarquía.
Cop City es nuestra Bastilla, la fortaleza de las peores injusticias de nuestro actual sistema. Es por eso que la gente inteligente grita “Si la construyen, la vamos a quemar”. Esta no es una exageración de los militantes. Es un compromiso con la libertad.
A veces una situación es tan obvia que es percibida con coherencia desde todas las perspectivas. El movimiento en contra de Cop City y la ambición de construirlo a cualquier costo son sólo un fragmento de la polarización social generalizada. El armamento y la inversión en infraestructura carcelaria y de vigilancia es el pilar para el futuro del sistema. Sin esta academia de policías aquellos en el poder no pueden ni siquiera imaginar la articulación de un código social común. Para la gente libre y creativa resulta impensable que este proyecto coexista con el desarrollo humano y la armonía social. Lo que comenzó como una pequeña campaña activista se convirtió en un conflicto paradigmático en todo Estados Unidos.
El 18 de enero de 2023, durante un operativo ejecutado por múltiples fuerzas de la ley, la policía estatal de Georgia asesinó a Manuel “Tortuguita” Páez Terán en el arroyo del parque de atrincheramiento. A esas alturas, muchas formas de participación florecieron al mismo tiempo. Exposiciones de arte, asambleas, eventos ecológicos, fiestas, baile, pláticas y caminatas entre los árboles y la naturaleza, protestas, acción directa y convivio comunitario en rechazo a Cop City. A finales de 2022, impulsada por Magnus Miller Gorrie y otros inversionistas interesados en la Fundación de la Policía, el gobierno estatal y municipal decidió que ya no iban a respetar ninguna oposición al proyecto. Se criminalizó indiscriminadamente a los manifestantes bajo cargos de terrorismo doméstico. Se desyerbó, limpió y abrió buena parte del terreno. Cop City está construcción.
En Fort Benning, Georgia, el gobierno federal estadunidense montó la Escuela de las Américas, donde recibieron armamento y entrenamiento quienes aspiraron a ser dictadores, contrarevolucionarios, asesinos a sueldo y aprendieron a hacer acciones encubiertas y ejecutar violencia paramilitar en todo el mundo. Con fondos del erario municipal, el alcalde Andrew Young le pagó a estos estudiantes para matar guatemaltecos en los años 80. Esta historia es desgarradora y extensa. Cop City representa la continuación, la inversión en el siguiente paso, de ese mismo legado.
En octubre de 2023, las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) lanzaron un ataque mortal sobre los pueblos palestinos, sin distinción entre objetivos, que mató a más de doce mil niños (según las cifras que se tenían hasta febrero de 2024). La FDI tiene su propia historia de brutalidad y esa historia se traslapa con la policía de Georgia. El programa de la Georgia International Law Enforcement Exchange (GILEE) puso a entrenar a la policía de Atlanta junto con fuerzas internacionales. Esto permite que la policía regional y los escuadrones de la muerte compartan tácticas y teorías de contrainsurgencia y terrorismo de Estado en todo el mundo.
El genocidio que se está llevando a cabo en Gaza está desmoralizando a millones de personas en Estados Unidos debido a que el gobierno Israelí es un defensor de los intereses de Estados Unidos en Medio Oriente. Frente a la indignación pública, la intransigencia de la administración de Biden-Harris está radicalizando a millones, quienes están asociando la ofensiva contra el genocidio con la lucha en contra de Cop City de manera intuitiva y acertada.
¿Qué significado tiene esto para mantener viva la lucha? ¿Cuáles siguen siendo las posibilidades para quienes aspiran a ser revolucionarios en un contexto cada vez más tenso?
La mentalidad guerrillera
Después de los ataques a la infraestructura de la policía de Atlanta de julio de 202, un grupo que se llamó a sí mismo el Movimiento 5 de Marzo emitió un comunicado. Este grupo reivindicó los ataques a los vehículos de policía como una respuesta a la nueva estrategia represiva que se utilizó en contra el movimiento. Al hacerlo, afirmaron que el terreno de lucha pasó a ser una guerrilla revolucionaria.
El 9 de febrero de 2024, después de quemar una patrulla afuera de una casa, un grupo anónimo emitió un comunicado haciendo eco de este sentimiento y haciendo referencia directa al posicionamiento del 5M.
¿Qué significa que el movimiento se desenvuelva como una lucha guerrillera? Esto no es sólo una consideración organizacional, sino una cuestión política. Si la policía municipal, estatal y federal ha rechazado todas las formas de resistencia al proyecto, el movimiento debe de adoptar un marco de trabajo táctico y organizativo apropiado para este contexto, un marco de trabajo que permita que la resistencia no sólo continúe, sino que crezca.
Actualmente, no sería honesto decir que son imposibles todas las formas de resistencia más allá de la acción clandestina. La persistencia de acciones directas no violentas, manifestaciones públicas, eventos para recaudar fondos y amparos prueban que, estrictamente hablando, muchas tácticas todavía son posibles. Sin embargo, quizá llegue un momento en el que organizarse de manera pública sea ilegal o mortalmente peligroso. Un riesgo de esa magnitud tiene muchos antecedentes en este y otros países, pero todavía no estamos en un momento así. De cualquier modo, y sin necesidad de exagerar, el ambiente es tenso y peligroso.
No deberíamos preguntarnos si otras acciones todavía son posibles, sino más bien si son o no efectivas. Esto se puede juzgar en términos de sus consecuencias directas, observables de inmediato, al analizar el efecto que ciertas acciones tienen en las fuerzas sociales y en algunas instituciones en particular. La efectividad también se puede juzgar políticamente con el grado de conciencia e iniciativa que inspira en la gente o, por el contrario, si las consecuencias los reducen a la resignación. Finalmente, para poder considerar la propuesta de guerrilla, debemos evaluar nuestras opciones y la forma en que están determinadas por el Estado al preguntarnos, independientemente de nuestras ambiciones específicas y tácticas preferidas, ¿qué tan pronto se nos va exigir la clandestinidad como práctica y estructura de organización?
La historia de los experimentos guerrilleros de todo el mundo nos ofrecen varias lecciones al respecto.
Una tendencia latente en el movimiento
Las tácticas de guerrilla han estado presentes y han sido determinantes desde los primeros días del movimiento para defender el Bosque Weelaunee y para detener Cop City. No sería exacto decir, como algunos se mueren de ganas de decir, que las masas se retiraron conforme la clandestinidad aumentó. No en este caso, por lo menos. Más bien, está bastante claro que los esfuerzos de pequeños grupos clandestinos han llevado a la admiración pública del movimiento y han sido el pequeño motor que condujo al resto de las estrategias, manteniendo un ritmo constante y estable mes con mes, con todo y las subidas y bajadas de la moral popular, la participación y el grado de concentración.
El movimiento de Atlanta está compuesto de varios grupos, cada uno opera con sus propias estrategias de medios, asambleas, planes y protestas. La independencia de cada segmento del movimiento le da ha dado a la lucha general una flexibilidad increíble respecto a las tácticas, debido a que ningún grupo o conjunto de grupos busca consolidarse a sí mismo al denunciar o marginalizar a otros grupos. Los grupos le dan el espacio a los demás para oponerse creativamente y utilizar sus medios preferidos, en su terreno de confianza, con las bases de apoyo de su elección. Sin la necesidad de buscar legitimidad o aprobación de ninguna autoridad superior o coalición, se han hecho iniciativas como consultas públicas, campamentos de protesta, organización estudiantil y semanas de acción. En su mejor momento, y con un par de desafortunadas y erróneas excepciones, los participantes del movimiento no se han metido en batallas sectarias ni han impuesto su línea política o ética encima de las consignas, estéticas o tácticas de todo el movimiento.
Aunque el movimiento para frenar Cop City tiene la simpatía de millones de personas, no es un movimiento de masas. No se puede comparar con levantamientos espontáneos, ni se puede comparar fácilmente con campañas activistas locales ni iniciativas civiles. Es una lucha de varios años con demandas y objetivos específicos. Debido a que el movimiento se construye en torno a preocupaciones concretas y no ambiciones o líneas políticas abstractas, esas mismas prioridades son las que han facilitado la participación de diferentes grupos. Lo que ha garantizado esta participación es el sabotaje y el vandalismo que han causado tanta controversia como retrasos en la construcción.
Los organizadores a favor del referéndum dieron una conferencia de prensa en las oficinas centrales de la policía de Atlanta el ocho de febrero de 2024. Como resultado, la policía cerró la oficina ese día. A una activista negra, conocida, asociada a la Coalición para Decidir si se construye Cop City, se le preguntó si condenaba el incendio provocado en contra de los contratistas de Cop City. Ella respondió “Vaya que no lo condeno. Y si soy honesta la ciudad merece más que eso… yo no puedo tomar ese tipo de riesgos, pero bendigo a quienes sí pueden hacerlo”. Los elementos y grupos clandestinos del movimiento van a necesitar asegurarse de que sus prácticas continúen expresando el deseo de la mayoría del movimiento y reunir apoyo de los organizadores, activistas y trabajadores culturales, artistas, visibles, si quieren combatir el aislamiento. Los grupos clandestinos no sólo deben comunicar este deseo, sino que también deben hacerse responsables de tareas necesarias y concretas aunque no sean las acciones de moda. La minoría revolucionaria que opera dentro del movimiento es responsable de ajustar esta tensión con creatividad y tacto.
La función de la minoría militante
La idea de que un movimiento o estrategia guerrillera puedan sustituir a la protesta masiva es una afrenta elitista condenada, sin duda, a fallar. Nadie sabe esto mejor que aquellos que pelearon en las primeras líneas, armados con las lecciones de la experiencia histórica. Cuando el Che Guevara murió en las manos de los comandos bolivianos y sus consejeros de la CIA, una generación completa de cobardes, idiotas y oportunistas suspiró de alivio. Para los intelectuales de copa y sofá, constructores de partidos alineados con Rusia, fundamentalistas de la espontaneidad como vía única y los socialdemócratas de todo el mundo, la revolución cubana y sus consecuencias fueron un desastre. Durante la década de 1960, las guerrillas rurales de Perú, Colombia, Venezuela, Guatemala, Bolivia, Argentina y cualquier lugar se enfrentaron a sus propios conflictos y limitaciones nacionales. También enfrentaron otros obstáculos y cuestiones comunes que no pudieron superar. Su aislamiento político (y geográfico) de las masas en las universidades, las minas y las ciudades aseguró su debacle militar frente a ejércitos nacionales y los asesinos que fueron apoyados por la CIA. Las luchas masivas fueron derrotadas usualmente por los mismos espías y torturadores estadunidenses que confrontaron a los románticos armados en las montañas y las selvas. Los dos pulmones de la resistencia popular (las organizaciones de masa y guerrilleras) colapsaron una tras otra, ninguna fue lo suficientemente fuerte para oxigenar el cuerpo de la revolución por mucho tiempo. El gobierno de Estados Unidos, la industria mediática alineada a su agenda y toda la gente que juzga desde una cómoda distancia, ha escondido y tergiversado las lecciones reales de estas increíbles luchas que han influenciado, y han sido influenciadas, por las luchas guerrilleras exitosas y fallidas en todos los continentes de este planeta.
Desde la División del Norte hasta los Sandinistas, desde el Movimiento 26 de Julio hasta el Frente de Liberación de Quebec, lo que nos han enseñado las campañas guerrilleras de antaño es que, bajo las condiciones correctas, la acción de grupos muy pequeños (todos estos grupos comenzaron con un puñado de adherentes) realmente puede influenciar a toda la realidad social. Los actos de grupos enfocados pueden estimular la conciencia y algunas veces provocar que se activen millones de personas. En última instancia, son las acciones conscientes de esos millones la que determinan el porvenir. Mientras muchos teóricos trotskistas, comunistas de izquierda y anarquistas han militando de forma perseverante en contra del supuesto riesgo de que una minoría activa “sustituya” por sí misma la auto-realización de las masas, la verdadera práctica de los insurreccionalistas y los aspirantes a revolucionarios de la última década y media han demostrado el productivo efecto que pueden tener en la sociedad los grupos pequeños, creativos y cuidadosos.
Lo que no puede hacer todo el mundo
Sin duda, los asombrosos y románticos levantamientos de los últimos treinta años, en los que hemos tomado parte, han desmentido nuestras teorías espontaneístas. Si consideramos la retirada y dispersión política como tropiezos para las teorías de los activistas, y no una cuestión estrictamente “táctica”, se podría decir que casi ninguna teoría revolucionaria de la historia nunca ha sido tan fracasada (y por lo tanto falsa) como la creada por los movimientos de masas de las últimas dos décadas. De acuerdo a los objetivos y aspiraciones que se pusieron a sí mismos los centenares de levantamientos que han ocurrido desde 2010, sólo una muy pequeña cantidad puede considerarse exitosa.
Los movimientos de resistencia masiva sin líderes, espontáneos y desorganizados, armados o no armados, no pueden derrocar a la élite dominante arraigada y reorganizar la realidad económica de la sociedad. En otras palabras, son incapaces de hacer una revolución social. Sin un destacamento especializado de intelectuales y pensadores creativos, los movimientos populares no producen consignas ni teorías transformativas. Más bien, aumentan las ideologías dominantes al simplemente ponerlas de cabeza o satisfaciéndose a sí mismos al exponer la “hipocresía” del sistema reinante.
No debería de ser controversial decir a estas alturas que este mismo dilema también se expresa de una manera táctica. Sin grandes esfuerzos, las luchas masivas (que suelen ser luchas de las clases bajas y pobres urbanas) se desgastan con marchas, ocupando espacios públicos, bloqueando carreteras, haciendo huelgas temporales, rompiendo ventanas y saqueando supermercados. Nada ni nadie puede detener estos increíbles eventos porque expresan las contradicciones objetivas de nuestra época y la inteligencia acumulada de la gente marginada y enojada de todo el mundo. Expresan los sueños más ambiciosos y astutos de la sociedad en la misma medida en que fallan cada vez que intentan derrocar al Estado y reorganizar los asuntos humanos porque son parte del mismo sistema.
La gente se va a levantar. Esta es una ley de la sociedad de masas, de hecho, de la cultura humana organizada. La revolución está determinada en un 90% por el resultado de las tácticas y confrontaciones que hacen las multitudes de gente común en contra de las fuerzas represivas del Estado. Desde Egipto hasta Myanmar, las intervenciones del bloque negro, los pueblos, grupos religiosos, hinchas de futbol, milicias armadas y otros sectores organizados han demostrado que las intervenciones únicas de sectores organizados y organizaciones semi-secretas juegan un rol desproporcionado en la fase insurreccional de las lucha, especialmente durante el momento de represión más avanzado, cuando las tácticas populares se vuelven ineficaces o demasiado peligrosas. Las intervenciones de estos grupos intencionales no son orgánicas a la lucha masiva ni expresan la conciencia espontánea de los movimientos de masas.
Las intervenciones necesarias e impresionantes deben ser organizadas con anticipación por grupos que estudian conflictos internacionales, levantamientos en distintos contextos, recopilan y transmiten experiencias de un movimiento al siguiente y están preparados para empujar los movimientos más allá de su aspiración e instintos “naturales”. La revolución está determinada en un 10% por el resultado de un destacamento de grupos organizados y especializados. “Profesionales” que hacen avanzar estrategias y renuevan tácticas que las grandes multitudes, o ciertos sectores de la sociedad, no siempre tienen a la mano.
Por lo tanto, y antes del siguiente episodio de agitación popular, ¿qué significa todo esto para aquellos que luchan fuera del territorio?
Lo que sí puede hacer todo el mundo
En el movimiento en contra de Cop City, las acciones guerrilleras y clandestinas no ha desmovilizado a los organizadores y las redes de apoyo cultural visibles, pero tampoco han facilitado un marco guerrillero más robusto. Si se va a trabajar con una estrategia guerrillera, será necesario incorporar gente en el marco de la organización y entrenamiento clandestino dentro de espacios muy vigilados como lo son los espacios urbanos de donde suelen partir las luchas contemporáneas. A pesar del optimismo que se siente al leer sobre las pérdidas del adversario, esta sería la medida del éxito. No el daño económico creado por las acciones. En este momento, el movimiento guerrillero en Atlanta está en una fase embrionaria todavía. La lucha en contra de Cop City está embarazada de potenciales organizativos y combativos que no han nacido. Los aspirantes a revolucionarios son las parteras de la transformación social y deben hacerse responsables de nutrir estos potenciales hasta dar a luz.
En la coyuntura actual no es posible deshabilitar directamente la infraestructura de la policía al grado de que sean incapaces de hacer investigaciones o redadas. No se les puede orillar a una posición de defensa o retiro estratégico. Siempre es posible hacer avanzadas ofensivas tácticas, pero el balance de fuerzas que posibilita ataques más profundos al Estado sólo se logra con la movilización masiva.
Si los organizadores no articulan marcos de trabajo o construyen grupos capaces de subvertir y confrontar las fuerzas represivas y reaccionarias, los movimientos sociales sólo podrán sobrevivir al sostener el cordón umbilical que los conecta con los sectores progresistas de las élites dominantes. Si tienen el objetivo de cuestionar los principios fundamentales de nuestra sociedad, y frenar a las fuerzas violentas de la reacción, los movimientos no pueden apoyarse únicamente en la indignación de los activistas y los abogados. Los movimientos rebeldes se deben preparar para defenderse de la represión y también para superar en estrategia, desmoralizar, cansar, confundir y sobrepasar a la fuerza represiva del Estado. Aquellos que piensan que esto no es posible, no piensan que la revolución es posible.
Para reorganizar seriamente el balance de fuerzas de nuestra sociedad, los grupos populares tendrán que organizarse para resistir a la represión y canalizar los sentimientos de las masas en las consignas y propuestas revolucionarias. Las acciones valientes y congruentes de los saboteadores no han construido esta organización, pero las organizaciones deben de bautizarse con las aguas de la subversión real o de otro modo tenderán a aumentar el número de participantes que no entienden los verdaderos desafíos del movimiento o que tienen miedo de hacer las preguntas políticas correctas que plantea una situación objetiva. ¿Cómo pueden unir fuerzas quienes trabajan de forma subterránea en contra de la construcción de Cop City con los miles de personas que resienten los efectos de la inflación o con aquellos desplazados por las agencias inmobiliarias multinacionales que aumentan en Atlanta? ¿Cómo pueden unir fuerzas los grupos y colectivos políticamente organizados de Estados Unidos con el movimiento clandestino de Atlanta?
Mucha gente ya incorporó elementos de la organización clandestina en su vida diaria: reunirse en privado, usar comunicaciones encriptadas, pagar en efectivo, cumplir medidas de seguridad y discreción. Sin hacer una ruptura cualitativa, hay mucho por hacer para preparar inmediatamente al movimiento para los siguientes meses y años. Toda la gente seria debería de estar consolidando grupos semi-permanentes de entre cuatro y siete asociados en los que se deposita mucha confianza, sincronizar relojes y esperar la puntualidad más estricta. Este tipo de grupos deben tener alguna forma de estudiar juntos, y de dar y recibir retroalimentación, desarrollar ideas y tomar decisiones. Estos grupos deberían estar coordinando intervenciones y acciones simultáneas. Estos grupos pequeños deben incrementar su aptitud técnica. No como un imperativo abstracto, sino para alcanzar habilidades específicas que no serían capaces de aprender en el curso normal de la gestión política: aprender a pegar huesos rotos, detener hemorragias, a armar y desarmar un arma, esconder gente que está en riesgo. Estas habilidades específicas van a permitir a los movimientos resistir mucha más represión sin aislar a la facciones vanguardistas militantes. Además, los grupos que aspiran a aprender estas cosas en colectivo se van a liberar de la gente que no es seria y que duda en hacer compromisos colectivos de esta naturaleza. Sea que planeen sabotear infraestructura, encadenarse al equipamiento de construcción, se organicen en universidades, coordinen una guardería o quieran intervenir conferencias de prensa, una organización revolucionaria seria, si es que existe, exigirá que todos los activistas aprendan estas habilidades y que esto se lleve a cabo con un temperamento serio y, al mismo tiempo, sereno. A pesar de que el enojo y el resentimiento son las emociones comunes de las revueltas populares, una verdadera revolución requiere de amor, ternura y humildad.
Las aves de la tormenta que viene
La crisis democrática que está tomando forma en Atlanta pronto golpeará todo Estados Unidos. Están atacando la libertad reproductiva y la salud pública, consolidando una Suprema Corte reaccionaria y partidista, suprimiendo la libertad electoral y la independencia de los sindicatos, están recortando la seguridad social, están aumentando el alquiler y los impuestos sobre pequeños campesinos y terratenientes, militarizando la frontera México-Estados Unidos, imponiendo pantanos imperialistas en Medio Oriente y cualquier otro lugar. Para resistir a estos fenómenos de forma definitiva no va a ser suficiente con mantener una alianza entre los movimientos populares y el Partido Demócrata. Tampoco es buena idea apoyarse en organizarnos a nivel público y civil. Tampoco será posible dirigirse al ala vengativa del Partido Republicano unido a Donald Trump y sus aliados sin una alianza popular entre intelectuales urbanos, estudiantes, gente negra pobre, campesinos de América Latina y algunos sectores de la clase media blanca. Los aspirantes a rebeldes y los que ya están organizados van a necesitar incrementar su nivel de organización así como sus habilidades específicas para hacerle frente a la represión sin hacer compromisos políticos. Para poder evadir la burocracia y la timidez, los más dedicados deberían volverse el cimiento de una organización y tendencia combativa con extrema urgencia. Si el lenguaje de las células y las unidades guerrilleras es desmoralizador, estas formaciones pueden pensarse como grupos de afinidad semi-permanentes.
Para disponer de una superioridad de fuerzas para el siguiente tumulto eventualmente vamos a necesitar un programa revolucionario y un esquema organizacional. De una u otra manera, la mentalidad guerrillera pronto será la actitud organizativa predominante entre la gente honesta y perseverante. Si la policía de Atlanta, el GBI, el FBI y sus fuerzas aliadas continúan atacando las protestas para intimidar y acosar a los activistas, haciendo redadas y abusando de quienes integran las comunidades, entonces será imposible mantener un modelo de organización abierto e informal porque los individuos van a sentir demasiada presión para pensar, planear y evaluar sus riesgos a nivel individual. En esta época difícil, vamos a tener que consolidar nuestras redes para poder avanzar como movimiento social subversivo. No hay tiempo que perder.
Lo que es espontáneo no necesita ninguna preparación. Pero la victoria no puede basarse únicamente en la improvisación.
Todos los días es cinco de marzo.




